Vagones rosas, ni uno más

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Por Lara López Curtio

Días después del 3 de junio, jornada de lucha para Argentina y Latinoamérica, en Capital Federal se intentó replicar una medida difícil de catalogar pero con un objetivo claro: encerrar a las mujeres. La propuesta consiste en encerrarnos en el transporte público como una “solución” para el acoso callejero propuesta por la Legisladora Porteña Graciela Ocaña. Una mujer propone encerrar a sus pares, sus hermanas, pero esto no es lo grave sino todo lo que subyace a una decisión tan retrógrada como esta. ¿Qué implica que las mujeres viajemos, en ciudades grandes, en espacios cerrados diferenciados de los masculinos?

Vagones exclusivos, la medida quiere estacionar en Buenos Aires, ya es una práctica habitual en países como Japón, Brasil, India, Filipinas y México. Si bien la iniciativa fue presentada para Capital Federal, la sola  intención instaló el debate en todo el país. A una semana de la marcha nacional y multitudinaria bajo las consignas Ni Una Menos y Vivas Nos Queremos la propuesta, aparentemente progresista, atenta principalmente contra las mujeres. Lo que se busca es una solución sencilla para una problemática más que compleja. ¿Una medida de protección o de exclusión?

El acoso callejero, en las grandes ciudades, incluye el manoseo y la agresión en el transporte público desde varones hacia mujeres. Esto no siempre es visible debido, por un lado, al hacinamiento dentro de los vehículos, y por otro lado, a la naturalización de la violencia machista. Proponer separar a las mujeres de los hombres legitima el acoso, pretende natural la tendencia del hombre a abusar de la mujer, a considerarla un objeto, o en el mejor de los casos, un género inferior.

Un nuevo sello de los estereotipos de género, una no tan innovadora manera de legitimar la violencia. Sería una especie de “apartheid rosa” que separa y señaliza,con el color rosa por ejemplo, a los lugares exclusivos para mujeres. Esto impediría que personas de sexo masculino ingresen a los vagones y así evitar el acoso, porque todos los hombres tienen la necesidad natural de acosar a las mujeres ¿no?

La consecuencia de una medida semejante sería entonces colaborar con la Cultura de la violación: “si venís a este vagón es para que te toquemos, si no andate al tuyo” podría ser una frase totalmente “normal” y esperable.  Esto no se diferencia en nada del tema del largo o corto de la pollera, el escote, la libertad sexual de las mujeres y un largo etcétera. Si no queremos ser violadas, no debemos usar pollera o subir a vagones repletos de testosterona.

¿Cuál sería una solución posible? Esta no es una tarea fácil pero ante un problema histórico, complejo y sobre todo cultural, una solución podría pensarse por la vía de revertir la educación que durante siglos hemos recibido hombres y mujeres, entre otros géneros. La solución es educarnos todos/as para respetarnos. Reeducar a los hombres en su “rol de machos”, para que no se sientan en la necesidad de demostrar su masculinidad frente a sus pares, para que aprendan a no abusar de la misma manera que aprendieron a decidir sobre las mujeres. Reeducar a las mujeres para entendernos como personas de derecho, para exigir respeto y no cosificarnos, juzgarnos, discriminarnos unas a las otras. Reeducarnos juntos/as para eliminar la violencia, para reconocer y denunciar el acoso.

En Argentina contamos con la Ley Nacional 26150 de Educación Sexual Integral, un gran avance en materia legal aunque en la práctica la realidad pueda ser distinta y muchas escuelas no conozcan siquiera los lineamientos generales. Algo que dejó en claro el último 3 de junio es que la erradicación de la violencia de género depende de cada uno/a de nosotros/as sea cual sea el rol que ocupemos. La educación no se da únicamente en las escuelas, sino que las familias- en cualquiera de sus formas- los medios de comunicación, los encuentros informales y las calles en general están educando constantemente, todos/as somos responsables de cambiar la cultura hacia una sociedad más justa e igualitaria. El machismo es reversible, los feminicidios son evitables pero este cambio cultural debe estar acompañado de decisión política y presupuesto para políticas públicas, pero también  y sobre todo,una orientación acertada que no retroceda en materia de derechos sino que nos permita avanzar como sociedad.

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