Día Internacional de la Madre Tierra

tierraEl 22 de abril la ONU decidió conmemorar un día para reflexionar sobre nuestro paso por la tierra, más precisamente el Día Internacional de la Madre Tierra.

La concepción de Madre Tierra se elige en referencia a una expresión común entre distintos pueblos y naciones para referirse al globo terráqueo como cosmovisión, como sujeta a una relación entre el todo que existe y habita en la tierra.

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon ha definido que “la palabra madre es sumamente evocadora. Nos trae a la memoria poderosos recuerdos de la mujer que nos trajo al mundo, nos crió y nos ayudó a convertirnos en quienes somos ahora”, de forma que el término da cuenta de una dependencia del planeta, del que dependemos durante toda nuestra existencia, remontándonos al mismo origen. “Necesitamos aire, agua, tierra fértil e  infinidad de otros dones que nos obsequia el planeta”.

Pero aquella dependencia se relativiza cuando el crecimiento de las actividades humanas comienzan a competir con la naturaleza, la que irremediablemente termina por resentirse. Ki Moon analiza que “cada vez somos más conscientes de los estragos que ha causado nuestra especie: la contaminación, la progresiva escasez de recursos, la extinción de especies de flora y fauna y la precipitación hacia puntos de inflexión que podrían alterar la forma en que funciona nuestro planeta. Ni sabiéndolo hemos cambiado nuestra forma de actuar”.

La conmemoración nació en referencia a la inmensa movilización del 22 de abril de 1970 en EEUU, cuando millones de personas se manifestaron en las calles para alertar sobre el destino en el que la humanidad llevaba al planeta. Discusiones, propuestas y encuentros posteriores concluían en que la conciencia pública era la mejor herramienta para frenar el deterioro, muchas de ellas de simple aplicación, como adquirir conocimientos y adoptar conductas conservacionistas. Es evidente que el sistema de producción capitalista y el consumismo son los grandes impulsores de la situación, por lo que la sumatoria de conciencias individuales para racionalizar esa desmesura es un punto de partida. Ejercer ciudadanía para seguir, controlar y exigir a los gobiernos el cumplimiento de políticas ambientales es otra; ya sabemos que la gerencia empresaria no lo hará, ya que su objetivo es maximizar la ganancia en el menor tiempo posible.

En el último acuerdo de naciones, el de París 2015, se volvió a insistir en la necesidad de reducir las emisiones de carbono como paso esencial para disminuir el calentamiento global. Los árboles son los soldados contra el cambio climático, como almacenadores de carbono contribuyen a disminuir la temperatura, por lo que prevenir la deforestación y promover el cuidado de los bosques representan un accionar estratégico. Nuestro país, a pesar de su profusa legislación ambiental, va en franco detrimento de esas posiciones; allí un punto de partida para exigir ciudadanía.

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