Día mundial del agua

Cristian Frers escribió para Ecoportal una definición simple que pone en evidencia que la inmensa cantidad de agua que existe en el mundo, es absolutamente escasa. El experto dice que “el volumen del agua en el mundo se expresa mediante una cifra de gran importancia: 1.360 millones de km3, es decir 1.360 trillones de litros. Si dividimos esta cifra por cada ser humano, le correspondería a cada uno 250.000 millones de litros, lo que equivaldría a 400.000 piletas de natación. Bajo estas perspectivas, el agua aparece como un recurso prácticamente ilimitado. Sin embargo, de esa enorme masa líquida, sólo el 3% es dulce y la mitad de ella es potable“.
La importancia del agua es simple: es vital. Todas las actividades humanas están vinculadas a ella. Sin embargo “la cuarta parte de la población mundial no tiene acceso al agua potable. Más de la mitad de la humanidad carece de un saneamiento adecuado del agua. La mala calidad del agua, la falta de higiene y la contaminación ambiental figuran entre las principales causas de epidemias, enfermedades intestinales y muerte”.
Es una cuestión global llena de conflictos, inmerso en debates que la convierten en un derecho humano inalienable y que reclama una gestión ecosistémica sustentable.
En Argentina, al pensar las próximas décadas, se plantea una “falta de planificación adecuada, que no es sólo un tema exclusivo de los decisores gubernamentales, ya que la gravedad del tema exige que se convoque a trabajar juntos a las organizaciones académicas y a la sociedad civil para pensar soluciones colectivas”.
Frers reconoce que nuestros recursos hídricos “están siendo fuertemente amenazados por las prácticas agrícolas, la deforestación, el uso de agroquímicos, las explotaciones mineras y petrolíferas y los cambios en el uso del suelo”. Conlleva a un aumento de la erosión, detección de plaguicidas y metales pesados, también aguas servidas y líquidos cloacales, residuos urbanos y tóxicos industriales. Reconoce una legislación suficiente, pero que se incumple por desidia o “falta de voluntad política para efectuar las tareas de control y cumplimiento efectivo” de la normativa.
La lógica capitalista también se impone en cuanto a la política hídrica de las sociedades. La postergación de políticas públicas llevará, prontamente, al poder político a sentar posiciones como lo ha hecho con recursos no renovables como el petróleo, del que también podemos tener disidencias. Nuevamente, la conciencia de hoy es la única herramienta válida para no dilatar más lo que debamos afrontar en un futuro cercano.

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